
En medio de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.
En las feroces garras de las circunstancias
No me he lamentado ni he llorado.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se doblega.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Se acerca inminente el Horror de la sombra,
Y aun así la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.
Leer conversaciones viejas te enseña que las promesas no se cumplen, que los “para siempre” acaban en un minuto, que un “no te quiero perder” es igual a un “te olvido mañana”, que la palabra escrita, escrita se queda, que la palabra dicha muere en el aire, que un sentimiento puede morir o siempre estuvo muerto, que quien se va no regresa, que quien más te dice, más te hiere… Te enseña que las cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos.




